¿Quién se iba a imaginar que unas esferas diminutas como los microplásticos, pudieran originar tanto revuelo?

 

¿Quién se iba a imaginar que unas esferas diminutas como los microplásticos, pudieran originar tanto revuelo?

El impacto de los microplásticos seguro que ha llegado a tus oídos de una forma u otra y últimamente. Los medios rebosan artículos sobre estudios que corroboran su impacto, no sólo en el mar, sino en nosotros mismos.

Sin ir más lejos, microplástico ha sido la palabra del año 2018 según Fundéu BBVA. Una Fundación promovida por la Agencia EFE, patrocinada por el BBVA y asesorada por la RAE, cuyo objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación. Así que dentro de poco, el word sobre el que estoy escribiendo este artículo, dejará de subrayarme la palabra microplástico con ondas rojas, como está haciendo ahora mismo, indicándome que no reconoce la palabra en su diccionario.

 

 

El problema de los microplásticos es que esas bolas diminutas que están presentes en los cosméticos y en la ropa sintética, acaban llegando al mar. Y no sólo eso, sino que los plásticos más grandes, cuando llegan al mar se descomponen en trozos más pequeños, que las aves y los peces confunden con alimento.

Según Greenpeace, sólo en Europa, cada año llegan al mar más de ocho mil toneladas de plástico procedentes de las microesferas en los cosméticos. Y entre el 21 y el 54% de los microplásticos de todo el mundo se encuentran aquí al lado, en el Mediterráneo.

 

 

Estos trozos diminutos acaban pasando a nuestra cadena trófica, no sólo a través de los peces, sino también de la sal que utilizamos como condimento de nuestra comida, como demuestra otro estudio reciente de Greenpeace.

Actualmente existen iniciativas y empresas tecnológicas, con proyectos para limpiar el mar y los océanos de los millones de toneladas de plásticos de todas las dimensiones, que flotan en ellos. Alabo estas iniciativas porque ahora que tenemos el problema, ayudaran a no hacerlo tan grave, pero no dejan de ser parches para solucionar un problema real a gran escala.

 

 

Si hace tiempo que me lees sabrás que yo apuesto por los pequeños gestos que podemos hacer cada uno de nosotros, en nuestro día a día, y que no implican un gran esfuerzo. Soy muy fan de la prevención, antes que la corrección, así que está en nuestras manos cambiar ciertos hábitos para aportar nuestro granito de arena a la solución contra la contaminación por plásticos.

Si yo lo estoy consiguiendo, tu también puedes hacerlo.

El 2018 ha sido el año en que he reducido más plástico en casa, de forma paulatina y sin agobios. Empecé en Julio de 2017, como te contaba en Un año con menos plástico. He cambiado 12 cosas en casa y de cara al 2019 tengo buenas intenciones relacionadas con la higiene personal y los productos de limpieza. La verdad es que cuando empiezas, ¡ya no paras!

Aquí te dejo mi lista, en la que además te indico dónde he comprado los productos, en caso de necesitarlos.

Mi 2018 contra los plásticos:

✔ He empezado a comprar en la carnicería y la charcutería de mi barrio con tuppers. Ya tenía suficientes tuppers en casa, no he comprado nuevos.

✔ He vuelto a comprar pan con una bolsa de tela. La tenía desde hace mucho tiempo, perdida en un armario y ahora le doy un buen uso a diario.

✔ Compro verduras y fruta a granel con bolsas de algodón. Compré unas bolsas de All Cotton and Linen. Otras me las regalaron en Navidad.

✔ Me lavo los dientes con un cepillo de bambú. Compré un pack familiar en Esturirafi.

✔ Ya no tenemos papel de aluminio en casa.

✔ Uso escamas de jabón de coco a granel para lavar la ropa. Lo compré en El Safareig.

✔ Ya no uso suavizante para la ropa y lo he sustituido por vinagre blanco, con un toque de limón. Comprado en El Safareig.

✔ Me enjabono el cuerpo con una pastilla de jabón. Uso varias marcas y también tenía pastillas de jabón que me habían regalado hace tiempo y que no usaba.

✔ Lavo los platos con un cepillo de madera con fibras vegetales duras. De El Safareig.

✔ He dejado atrás el estropajo sintético de toda la vida, y lo he cambiado (cuando el otro ya estaba inservible) por uno de cobre. Encontrado en El Safareig.

✔ Siempre llevo dos pajitas de aluminio en el bolso, y una escobilla para limpiarlas. De Usar y reusar

✔ Me limpio la cara con discos desmaquillantes reutilizables de algodón orgánico. Son de la marca Poor Christine.

 

 

Y en 2019 sigo:

✔ Compro jabón de lavar platos líquido, a granel y ecológico, reutilizando el mismo bote cada vez. De El Safareig.

✔ He comprado unas tijeras de aluminio para la cocina, porque se me han roto las que tenía hasta ahora. En una ferreteria del barrio.

✔ Empezaré a lavarme el pelo con una pastilla de jabón. Como me han dicho que el proceso de adaptación a veces es largo, empezaré a usarlo en breve, antes de que se me acabe el que uso ahora. De El Safareig.

¿Y tú? ¿Con qué te atreves a empezar o qué te gustaría probar pero no te atreves? Cuéntamelo en los comentarios.